Atracos a punta de glorieta

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Un día. Cualquiera. Una rotonda. Cualquiera de las muchas y muy transitadas que existen en todas las ciudades de España. Tráfico de hora punta.

Circulamos en el coche como lo hacemos habitualmente. No nos fijamos demasiado en el resto de vehículos de alrededor. En ninguno. Tampoco en el que nos precede. No es llamativo, no se trata de un último modelo ni de un prodigio de diseño… Solo es, en definitiva, un coche más que, antes de entrar en la glorieta, se detiene, cede el paso y avanza de nuevo. Lo normal.

De sorpresa en sorpresa…

Inmersos en la rutina del tráfico urbano, le seguirnos instintivamente cuando, sin avanzar más que unos pocos metros, se vuelve a parar bruscamente en la entrada de la glorieta. El movimiento nos sorprende. A nuestra capacidad de reacción también y, aunque accionamos el freno, la colisión es inevitable y le golpeamos por detrás.

Pese a lo leve, levísimo, del impacto sus dos (o tres) ocupantes se apean del vehículo al instante. Hacen gestos de dolor en el cuello y se quejan. Se quejan mucho. Sorprendidos (sí, de nuevo) por el perjuicio del golpe que, además de mínimo, se ha producido a poquísima velocidad, bajamos del coche. Al preguntar por la causa del frenazo repentino la respuesta llega entre interrogantes: «¿pero es que no te has dado cuenta de que venía uno?”. Pues… no. ¡Obviamente, no!

Mientras el «obviamente, no» retumba en nuestra cabeza, buscamos y cubrimos el correspondiente parte amistoso y damos cuenta a nuestra compañía de seguros. Solucionado.

El glorietero: así es, así actúa

Es algo habitual que suele ocurrir, una colisión fortuita e imprevisible… Pero, atención, que sea habitual no significa que este tipo de golpes se produzcan siempre de forma accidental por parte del que recibe el impacto.

Los profesionales del transporte lo saben. Los agentes de la autoridad y los expertos legales también. Y unos y otros hablan de la nueva figura que protagoniza estos incidentes: el «glorietero«. O, lo que es lo mismo, aquel o aquellos que se dedican a provocar golpes intencionados para cobrar indemnizaciones de las compañías de seguros.

Esta figura, la del glorietero, no se limita al conductor sino que se extiende a los que viajan con él como acompañantes y aprovechan para sumarse al festín y adjudicarse su botín. Normalmente, estos expertos «atracadores de glorietas» llevan en la mochila varias denuncias por golpes por alcance trasero en glorietas.

En primera persona…

El modus operandi es siempre el mismo. Frenazo repentino ante una glorieta con tráfico para provocar el impacto por alcance trasero del coche. Después, parte amistoso de accidente, cobro de la indemnización por parte del glorietero y a por el siguiente…

La mayoría de las veces ahí termina la historia. Sin embargo, en otras la verdad sale a la luz porque el accidente le cuesta al que da el golpe la pérdida de uno o dos tramos de bonificación del seguro y, ante el posible encarecimiento de su póliza, decide poner en conocimiento de su compañía de seguros todo lo ocurrido. Es el caso de R.S.J. que, tras avisar a su aseguradora, ésta pudo constatar que «la acompañante del coche golpeado había presentado cinco denuncias por accidentes por alcance trasero en glorietas en los últimos dos años», tras una previa averiguación en los registros de los juzgados.

«Curiosamente, todas las aseguradoras eran distintas y los informes médicos aportados, en la mayoría de los casos, de diferentes facultativos particulares». De esta forma procuraba evitar que sus fechorías fuesen detectadas ya que al ser citada por el juzgado para el reconocimiento médico forense, los antecedentes y pruebas aportadas eran, en cada caso, suscritas por un médico distinto que desconocía sus «dolencias» anteriores.

¿Qué hago si me encuentro con un glorietero?

Estos hechos que tanto perjudican a aseguradoras (por la cantidad de dinero estafado) y a asegurados (por el aumento del coste de la póliza), son constitutivos de una simulación de delito y una estafa procesal. Por ello, ante la sospecha, la recomendación pasa por poner los hechos en conocimiento de la aseguradora o contratar un abogado que recabe los datos de los supuestos lesionados.

Penas de prisión, privación del carné, multas…

Recientemente ha sido noticia la resolución de las penas para cuatro jóvenes glorieteros que provocaron un accidente de tráfico en Pontevedra en 2012, después de que las cámaras de vigilancia de tráfico confirmaran el intento de estafa.

Los cuatro, dos chicos y dos chicas, asumieron cinco meses de prisión. La condena se incrementó en el caso del conductor seis meses más, 1.815 euros de multa y un año y tres meses de privación del permiso de conducir por un delito de conducción temeraria y el pago de otros 36 euros por una falta de daños derivada de los desperfectos ocasionados al producirse el accidente. Además, solidariamente, los cuatro tendrán que indemnizar con 4.000 euros al hospital al que fueron derivados por el 061, así como reintegrar al seguro el coste por retirar el coche con la grúa, 142 euros. 

 

 

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