La enfermedad del tiempo, peligrosa al volante

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Tic, tac, tic, tac… En 1982 el médico americano Larry Dossey inventó el concepto de “enfermedad del tiempo” para describir la creencia obsesiva de que el tiempo se  escapa, que no hay mucho y que no es suficiente.

En la actualidad, dos décadas después de que Dossey la bautizara, todos sufrimos de esta enfermedad silenciosa. Todos manifestamos los mismos síntomas. Y todos somos esclavos de sus máximos perjuicios: las prisas y el culto a la velocidad.

La mayor parte de las personas tienen/tenemos dificultades para gestionar el tiempo. Es un hecho. Todos, lo sepamos o no, somos esclavos de las horas, cada vez más y más cortas. Aumentamos el ritmo para ganar tiempo y llegar antes para poder hacer más y más rápido todo lo que queremos y seguir “ganando tiempo”. Y si hay algún obstáculo… la rabia y la impaciencia hacen su aparición estelar.

La era de la irritación

La obsesión de correr a todas horas para “ganar tiempo” (una curiosa expresión si la analizamos atentamente) nos acompaña. Nos persigue. Y nos dirige directos a la ira, a la irritación en la familia, en la universidad, en la oficina, de vacaciones… Y, por supuesto, al volante. Así es la enfermedad del tiempo. O, como la conocemos ahora, el estrés.

El estrés al volante, en datos

Los datos confirman su importancia. Y sus riesgos. Según diversos estudios de la DGT, la mayoría de los conductores españoles (el 76%, concretamente) circula bajo diferentes estados de estrés. Esta es la cuarta causa, junto a la fatiga, de los accidentes mortales de tráfico en nuestro país.

Estrés + conducción = peligro, peligro

La enfermedad del tiempo influye en la forma de conducir puesto que cambia el comportamiento, aumentando la agresividad, la competitividad e incluso la hostilidad. Esto se traduce en un cambio en la forma de conducir aumentando la posibilidad de sufrir un accidente. O provocarlo.

La enfermedad del tiempo puede provocar en el conductor:

  • Reacciones impulsivas, que se traducen en aumentos de velocidad, graves fallos en la toma de decisiones y disminución de la capacidad de anticipación a la hora de conducir
  • Acciones imprudentes e incluso temerarias que se producen por una menor percepción del riesgo
  • Un menor respeto a las normas de circulación.

¿Cómo evitar el estrés al volante?

Aunque el estrés no desaparece por arte de magia, sí existen recomendaciones lógicas que pueden atenuar sus efectos en la carretera. Por tu seguridad al volante y por la del resto de conductores, cuando vayas a coger el coche procura:

  • Estar descansado y haber dormido lo suficiente
  • Evitar el consumo de alcohol, drogas, tabaco y fármacos
  • Salir con tiempo para afrontar imprevistos
  • Escuchar música que te relaje, con la que te sientas cómodo
  • Seguir una dieta equilibrada, practicar ejercicio físico.
  • Ser parte de la Comunidad de buenos conductores de :DriveSmart.

 

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